En Benzú, al oeste de Ceuta, se levanta una imponente montaña, a la que los árabes llaman “Yebel Musa”, y los ceutíes “La Mujer Muerta”, un apodo quizá demasiado incisivo, como ocurre con los nombres populares, porque si entornas los ojos y la contemplas, más bien parece dormida. Y si además de mirarla fijamente, la escuchas, podrás notar que respira con un sonido metálico (fonolítico) provocado por sus piedras calizas sueltas. Los senderistas que han subido a su cumbre, reconocen que no han escuchado jamás algo así en ningún otro sitio. Quizá la mujer de Atlas también habla en sueños, o quizá, ese sonido sea una canción de cuna que proviene de un mundo mitológico desterrado por otro lógico. Escribía el Barón Davillier sobre este enclave, cómo en las noches de luna llena podía contemplarse la presencia de formas fantásticas proyectándose en la lejanía como gigantes de otros tiempos.
Su nombre árabe está asociado al de dos caudillos musulmanes que iniciaron la conquista de la Península Ibérica en el 711: Musa Ibn Nusayr (walí de Ifriqiya el Magrib) y Tarik Ibn Malluk. El bereber Tarik y sus tropas fueron los primeros en desembarcar en la Península, mientras que Musa, gobernador del Magreb, quedó inicialmente en el lado africano del Estrecho. De ahí, que las famosas Columnas de Hércules, señaladas en la antigüedad clásica como Abyla (Ceuta o Monte Hacho) y Calpe, pasaran a llamarse por la comunidad musulmana Yebel Musa (Mujer Muerta) y Yebel Tarik (Gibraltar). (Noemí Vallecillos en turismoceuta.com)
El viernes 26 de Abril, en cuanto nos pudimos escapar, pusimos rumbo a Ceuta. Por delante, un prometedor fin de semana con la excusa de La Mujer Muerta y las ganas de volver a vernos.
Borja, nuestro anfitrión, nos había preparado la visita el mismo viernes por la tarde del Museo de Regulares y del Museo de la Legión, así que cogimos con tiempo el ferry de Balearia en Algeciras y, a pesar del retraso, llegamos a tiempo.
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| Camino de Ceuta, al fondo nuestro objetivos (bueno uno de ello) |
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| Encuentro con Borja |
| Quique, Emilio, Borja, Tomás, Pedro y Antonio. Salón de oficiales nativos de Regulares. |
El Cabo Mayor Casado nos esperaba en el Museo de La Legión, también muy recomendable (el museo y el Cabo Mayor). No lo pudimos ver entero porque teníamos reservada la cena y tuvimos que salir pitando.
Nuestro agradecimiento a estos dos profesionales, que con su buen hacer, ponen en valor las visitas de dos museos entrañables, interesantes, y muy recomendables.![]() |
| Entrada museo de la Legion |
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| Desde el Restaurante El Oasis |
La cena la hicimos en El Oasis, un clásico de cocina árabe en Ceuta con unas magníficas vistas al estrecho y a la península. Borja había encargado unas pastelas, cuscús de pollo y de verduras, arroz picante, pinchitos, etc. Alguna cerveza y algo de vino cayó también. Lo rematamos con un te moruno y la estupenda repostería árabe.
Nos tomamos una copa en casa de Borja preparando la excursión del día siguiente, y a dormir que había que madrugar.
El sábado 27 nos levantamos temprano, desayunamos bien, y nos fuimos para la frontera. Afortunadamente no había prácticamente cola y pudimos pasar a Marruecos con relativa rapidez. Tomás se llevó una reprimenda del guardia marroquí y le hizo borrar los vídeos que había grabado de la frontera. Como todo el mundo sabe, la frontera peatonal de Ceuta con Marruecos es secreto de estado y justifica plenamente el tirón de orejas.
Negociamos un taxi que nos llevara hasta la playa de Benzú. Varios intermediarios participaron en el trato y por fin salimos por una carretera preciosa y recién hecha que nos dejó, en menos de media hora a pie de la montaña y con la promesa de estar esperándonos a las 17 horas para volver a Ceuta.
Sobre las 09 de la mañana, las 08 en Marruecos, empezamos la ascensión. Arriba no había visibilidad ninguna y hacía bastante viento, pero confiábamos en que el día se fuera abriendo y poder disfrutar de las vistas desde la cima. Lamentablemente, se mantuvo la niebla arriba durante toda la jornada.
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| Benzu |
Antonio hizo gala, durante todo el fin de semana, de un sentido de la orientación prodigioso, con niebla…, y sin ella. Convertido por derecho propio en el guía más fiable del mundo, terminamos acertando siempre siguiendo el camino contrario al que sugería. Grandes dotes de explorador que confiemos no hereden sus descendientes ni sea contagioso.
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| Primeros pasos |
Atrás dejamos las chozas improvisadas de los subsaharianos que esperan su oportunidad para llegar a Europa y que lamentablemente son presa fácil de las mafias que terminarán traficando con ellos.
3,20 kilómetros más tarde, ya a 529 metros de altura, salimos de la escorrentía por donde habíamos estado subiendo para dirigirnos a la cima. Nos resguardamos del viento en una pared y paramos a picar algo y beber. Hacía bastante frío y el viento seguía siendo fuerte.
A las 11,30 hicimos cima tras superar un trepadero muy castigado por el viento, que se llevó unas perdices que levantamos y que hacía que los pocos árboles que vimos crecieran pegados al suelo. En dos horas y veinte de subida habíamos andado 4,50 kilómetros hasta la cumbre. Llegamos bastante antes de lo previsto, así que nos quedamos un buen rato disfrutando de los alrededores y de la bota de vino de Emilio a pesar de la nula visibilidad que había. Nos hicimos las fotos de rigor, incluyendo lo que debían ser las ruinas de una antigua ermita española de los tiempos del Protectorado.
Cima
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| Islote de Perejil |
Pasamos por una granja de cabras donde afortunadamente no nos hicieron caso los perros y continuamos hacia el norte. Todavía conservábamos bastante cota y recorrimos, ya hacia el sur, paralelos al mar, todo el acantilado. Dejamos a nuestra izquierda el islote de Perejil, que se hizo famoso años atrás cuando lo ocuparon militares marroquíes, y entre subidas y bajadas, sobre las 15 horas llegamos a la playa para almorzar.
Una pena que estuviese cerrado el único chiringuito que vimos, porque no nos hubiera importado nada habernos tomado un par de cervezas. Curiosas ruinas las de una antigua ballenera a pie de playa, donde un instructor daba clases de buceo a dos mozas enfundadas en sus neoprenos.
| Playa de Benzu |
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| Ballenera y playa de Benzu |
A las 16,45 cruzamos finalmente la frontera y nos fuimos a comentar el día al chiringuito que está junto a la casa de Borja, el Ribera Beach, casi ná. Nos tomamos una copa allí viendo las evoluciones de un híbrido entre Torrente y Esteso que trataba de ligar con unas maduritas que no le hacían ningún caso.
Esa noche invitábamos a nuestro anfitrión a cenar en El Muelle. Nos dimos un homenaje como si acabásemos de bajar del Everest y después Borja nos invitó a una copa en un garito muy agradable en el centro de Ceuta.
Esa noche invitábamos a nuestro anfitrión a cenar en El Muelle. Nos dimos un homenaje como si acabásemos de bajar del Everest y después Borja nos invitó a una copa en un garito muy agradable en el centro de Ceuta.
Y el domingo 28, nuestro último día, nos levantamos también temprano para hacer turismo. Empezamos por una visita a la Puerta Califal, descubierta hace relativamente poco tiempo, y que tuvimos que interrumpir para ir al Hacho a ver el cañonazo que todos los días se dispara a las 12 del mediodía.
La Puerta Califal de Ceuta data del siglo X. Constituía la puerta de acceso a la medina de la ciudad en la época islámica y formaba parte del sistema defensivo de la misma junto con la gran muralla omeya, que fue iniciada por Abderramán III, que conquista Ceuta en el 931, y concluida por Alhaken II.
En 1415 Ceuta es ocupada por los portugueses que comprenden que la muralla omeya es demasiado estrecha para defenderse de la artillería enemiga. Por ello, sobre ella construyen entre 1541 y 1549 la actual Muralla Real portuguesa, mucho más ancha, haciendo que la omeya y la Puerta Califal quedasen "empotradas" en el grosor de la misma.
El conjunto está conformado por tres puertas, tres bóvedas, dos torres y lienzos de muralla. En su subsuelo se han hallado restos romanos como un horno para la cocción de ánforas y varios despiezaderos de pescado que pertenecerían a la antigua fábrica de salazones de pescado que tuvo la ciudad en esta zona en los siglos I y II.
El 24-4-16 se inauguraba el museo de la Puerta Califal, abriéndose así su visita al público. Dichas visitas, que son gratuitas, se realizan en grupos de unas 20 personas, con guía oficial y previa inscripción en la Oficina de Turismo de Ceuta. La visita se inicia en la puerta existente junto al Puente del Cristo, recorriéndose la cubierta de las Murallas Reales, lo que permiten disfrutar de unas incomparables vistas del conjunto monumental y de su foso, hasta llegar a la entrada al Museo de la Puerta Califal. Una vez ya en el interior de la muralla se desciende por una escalera que conduce a la Puerta Califal.(conoceceuta.com)
El cañonazo merece un comentario aparte. Gracias a la gentileza del acuartelamiento de El Hacho, nos enseñaron todas sus instalaciones. Situado en la cima del monte Hacho, tiene unas vistas sobre Ceuta y la Península impresionantes. Visitamos el patio de Agustina de Aragón, el impresionante aljibe de la fortificación y la cárcel, donde dejamos un rato encerrado a Tomás, que se temió lo peor. La cárcel, perfectamente conservada, da perfecta idea de la dureza de las condiciones de la época.
Habíamos comisionado a Antonio para que tirase él el cañonazo de las 12. Estaba realmente ilusionado y también nervioso. Lo pertrecharon con todos los avíos de artillero y le explicaron varias veces cómo debía hacerlo y cuándo. Sin embargo, cuando llegó el momento, Antonio, de gatillo fácil, se adelantó. Y quedará ya para siempre como el “artillero precoz”. Ese día, el mediodía llegó un poco antes de lo establecido.
De origen muy antiguo, romano o bizantino, la fortaleza del Hacho que comenzó como una torre de vigilancia ha sufrido múltiples transformaciones a lo largo de la historia. Construida por los romanos y mejorada por los visigodos, en el 709 es recibida intacta por los árabes de Muza permaneciendo en su poder hasta 1415, en que semiderruida e inservible pasó a manos portuguesas y así la recibieron los españoles que la mantuvieron en parecido abandono hasta 1771. Pero el imponente aspecto que podemos contemplar hoy en día, data del proyecto de 1773 diseñado por el arquitecto Juan Cavallero. Situada a 190 metros de altura y unos 800 del casco urbano de la ciudad de Ceuta, esta emblemática fortificación se compone de un amplio recito de planta hexagonal irregular con una superficie aproximada de 100.000 m2 y circundada por una imponente muralla de casi dos kilómetros de longitud de entre 8 y 22 metros de altura que cuenta con 41 torres (40 en el proyecto inicial) y con unos imponentes baluartes en cinco de sus vértices.
Los planos originales se encuentran depositados en el Servicio Histórico Militar y están firmados en Ceuta el 31 de julio y 8 de diciembre del año 1773. En ellos se da cuenta con gran detalle de las obras realizadas, así como de las construcciones antiguas preexistentes en el lugar.
El interior del recinto amurallado albergaba la torre Vigía (desde la que se daban las señales de alarma), un cuartel con capacidad para 300 hombres, un polvorín para doscientos quintales de pólvora (9.200 kg) y diversas instalaciones para dar cobijo a los víveres, y pertrechos necesarios para la vida y funcionamiento de la guarnición.
La Ley de Prisiones de 1849 disponía que los castigados a cadena perpetua cumplieran su condena en la ciudad de Ceuta y otros presidios africanos menores. Todo esto cambia cuando en el año 1870 se crea el Penal del Hacho, concentrando en él a los incomunicados, los incorregibles y a los más peligrosos de aquellos que cumplían su condena en Ceuta y los presidios africanos, más los que trajeron de la península, convirtiéndose en el penal más duro y con peor fama de todo el sistema penitenciario español de la época.
Los presos estaban divididos en tres categorías: Políticos (de ultramar, principalmente cubanos y convictos de la península), Incorregibles y Forzados (destinados a trabajos de fortificación) y Militares (condenados por delitos militares). A finales del siglo XIX la población reclusa era de 754 presos que se encontraban alojados en cinco masificadas naves, cuya capacidad real era de 300.
Como Presidio pasa por diferentes vicisitudes, hasta que en 1910 se suprime el Penal de Ceuta siendo sus presos distribuidos por los diversos penales de la península. Hasta este momento la Fortaleza había funcionado en su doble cometido penal y militar. A partir de ese momento y hasta nuestros días vuelve a su cometido castrense original, que a su vez trae nuevos y vertiginosos cambios e innovaciones. Sin embargo, aún permanecerá como Prisión Militar para Oficiales, Suboficiales y Tropa hasta que en 1979 son trasladados a Cádiz sus últimos “huéspedes” y en 1981 se suprime la Dirección y Administración de la Prisión Militar del Hacho. (Extracto de El Faro de Ceuta, 24.03.2013).
Los planos originales se encuentran depositados en el Servicio Histórico Militar y están firmados en Ceuta el 31 de julio y 8 de diciembre del año 1773. En ellos se da cuenta con gran detalle de las obras realizadas, así como de las construcciones antiguas preexistentes en el lugar.
El interior del recinto amurallado albergaba la torre Vigía (desde la que se daban las señales de alarma), un cuartel con capacidad para 300 hombres, un polvorín para doscientos quintales de pólvora (9.200 kg) y diversas instalaciones para dar cobijo a los víveres, y pertrechos necesarios para la vida y funcionamiento de la guarnición.
La Ley de Prisiones de 1849 disponía que los castigados a cadena perpetua cumplieran su condena en la ciudad de Ceuta y otros presidios africanos menores. Todo esto cambia cuando en el año 1870 se crea el Penal del Hacho, concentrando en él a los incomunicados, los incorregibles y a los más peligrosos de aquellos que cumplían su condena en Ceuta y los presidios africanos, más los que trajeron de la península, convirtiéndose en el penal más duro y con peor fama de todo el sistema penitenciario español de la época.
Los presos estaban divididos en tres categorías: Políticos (de ultramar, principalmente cubanos y convictos de la península), Incorregibles y Forzados (destinados a trabajos de fortificación) y Militares (condenados por delitos militares). A finales del siglo XIX la población reclusa era de 754 presos que se encontraban alojados en cinco masificadas naves, cuya capacidad real era de 300.
Como Presidio pasa por diferentes vicisitudes, hasta que en 1910 se suprime el Penal de Ceuta siendo sus presos distribuidos por los diversos penales de la península. Hasta este momento la Fortaleza había funcionado en su doble cometido penal y militar. A partir de ese momento y hasta nuestros días vuelve a su cometido castrense original, que a su vez trae nuevos y vertiginosos cambios e innovaciones. Sin embargo, aún permanecerá como Prisión Militar para Oficiales, Suboficiales y Tropa hasta que en 1979 son trasladados a Cádiz sus últimos “huéspedes” y en 1981 se suprime la Dirección y Administración de la Prisión Militar del Hacho. (Extracto de El Faro de Ceuta, 24.03.2013).
Un año después de que Agustina residiese en Ceuta, recibe la petición del Capitán General Antonio Ros de Olano para que le ayude a sofocar la rebelión que se estaba produciendo en la ciudad. Agustina se pone su viejo uniforme y sube al Hacho, entra en el recinto y después de una larga entrevista, los rebeldes deponen su actitud.
En recuerdo de este suceso, existe un mosaico de azulejos en el patio llamado Agustina de Aragón situado en el edificio principal de la fortaleza, antiguo pabellón de oficiales del cuartel que mandó construir Carlos III. (Extracto de El Faro de Ceuta 27.11.2011).
En recuerdo de este suceso, existe un mosaico de azulejos en el patio llamado Agustina de Aragón situado en el edificio principal de la fortaleza, antiguo pabellón de oficiales del cuartel que mandó construir Carlos III. (Extracto de El Faro de Ceuta 27.11.2011).
Comimos en el Ribera Beach unos fantásticos pescados a la plancha, muy bien presentados con calabaza y patatas a lo pobre, y dimos por clausurado el fin de semana, así que cogimos el ferry de vuelta y nos fuimos a votar a Sevilla, que era día de elecciones.
Desde aquí mi agradecimiento en general a todo el grupo y en particular a nuestro anfitrión, que se lo curró para que tuviésemos un difícilmente mejorable fin de semana. Ojalá que pronto nos veamos en otra cima.







































