lunes, 8 de septiembre de 2014

HECHOS, PENSAMIENTOS Y ANECDOTAS DE UN PASEO POR EL ATLAS


La Cordillera del Atlas, Macizo del Atlas o simplemente Atlas es un sistema montañoso que recorre, a lo largo de 2.400 km, el noroeste de África. La cordillera recorre desde Túnez por Argelia y hasta Marruecos.
Refugio del Toubkal
Su pico más alto es el Toubkal, con 4.165 m, al sudoeste de Marruecos en 31°0343N 7°5458O / 31.06194, -7.91611 

La población del Atlas es mayoritariamente bereber en Marruecos y en Argelia.

El Atlas separa las costas del mar Mediterráneo y del océano Atlántico del desierto del Sahara y, de hecho, es uno de los factores que provocan la sequedad de este desierto.” (ref; Wikipedia)
Construcción Bereber
Esta es una crónica amateur, realizada sin ánimo de ser ni exhaustivo, ni ordenado, en la sucesión de unos hechos que han acontecido durante una agradable excursión, o expedición si se me permite el término más ambicioso, de unos aficionados a la montaña y naturaleza por esta cordillera.



Esta expedición, cuyo objetivo principal amén de disfrutar es alcanzar ese techo del Atlas, se compone formalmente cuando Tomás crea el oportuno grupo de whatsapp, donde entran, el propio Tomás F, Borja K, Nicolás Y, Antonio R y su humilde servidor; llamémosle Emilio.
Por fidelidad, aunque no puede asistir en esta ocasión, meten en el grupo de whatsapp a Pedro D., compañero de aventuras pretéritas de Mal de Altura de los  gestores de la idea y a quien es obligado mencionar en esta crónica.

El Cuándo empieza:
Es difícil averiguar  cuándo comienza a gestarse la idea, y si fue la cabeza de Tomás, Borja, Nicolás o Antonio, no lo sabría decir,  sólo puedo asegurar, que no fue en la de quien escribe.
Los viajes empiezan a disfrutarse desde el momento en el que se deciden, y para varios de nosotros fue a mediados de junio, cuando reservamos el vuelo con destino Marrakech para el lunes 18 de agosto de 2014. Es justo en ese momento,  tras la preceptiva ratificación de la autorización marital, y cuando realizas el pago del billete de avión, cuando en tu subconsciente comienza el viaje.

El plan es muy simple, saldremos de Sevilla y aterrizaremos en Marrakech el lunes;  desde allí iremos en taxi a un pueblo al pie del atlas, Imlil l, (1.800mts)  donde dormiremos. El martes temprano marcharemos para dormir a 3.200 mts en alguno de los dos refugios, para hacer cima el Miércoles 20. El mismo día bajaremos nuevamente a Imlil, tomaremos otro taxi en sentido contrario, y luego pasar un par de noches en Marrakech. El viernes al medio día estaríamos de nuevo en Sevilla.
No es que fuese un plan simple, es que así estaba poco detallado.
A partir de aquí, comienzan reuniones varias (todas en el recomendable Tragaluz; precios populares, calidad inmejorable y servicio esquisto) y cientos de whatsapps sobre la organización de todos los aspectos….cómo ir y cómo volver, por donde subir y por donde bajar,  donde dormir y donde comer, equipo y equipaje. De esta manera, todo va tomando forma, coherencia, lógica y consistencia hasta que llega el mismo lunes 18, el gran día.

En ese día por la mañana, donde todos quitamos los últimos “porsiacaso” de la mochila  para que pese menos,… el primer wasap de Nicolás, a la pregunta de si sería conveniente llevar chubasquero dadas las previsiones meteorológicas es: “Pero es hoy????????”

La acumulación de signos de interrogación al final de la cuestión, no deja lugar a dudas sobre su desconcierto y la autenticidad del despiste.

Pero una encomiable capacidad de reacción, es la que le permite en apenas unas horas, preparar la mochila y dejar sus quehaceres delegados, para poder estar a la hora acordada en el aeropuerto.

Tras pasar el control de seguridad del aeropuerto, la primera preocupación es asegurarse del vino obligado para celebrar la cumbre. Al no estar seguros de poder conseguirlos en destino por las idiosincrasia del país, y para no arriesgar a subir si él, compramos un par de botellas que debían acompañarnos hasta la cumbre.
Fue un vuelo agradable, el FR 4008 de Ryanair, sin aspectos que resaltar en esta crónica.
Aeropuerto de Marrakech

Recién aterrizados en Marrakech, nos dirigimos con sonrisa en la cara a un taxista con un cartel con el nombre de Antonio A. Aquí tuvimos un momento de asombro, cuando a unos metros, otro taxista lucía otro cartel con el nombre de Tomás F.
Yo, que hice poco o nada en la organización, pero que hasta ese momento confiaba ciegamente en la gestión, reconozco que comencé a sentir ligeramente el yugo de la duda.
Tras despachar al taxista con el cartel equivocado, el que no recibió el e-mail cancelando el encargo, nos montamos en el taxi bueno y nos dirigimos a Imlil, no sin dejar de pasar, por supuesto, por un Carrefour de Marrakech a comprar una caja de latas de cervezas.
Cargando el Taxi
El trayecto a Imlil es de 89 kms. por unas carreteras infernales en algunos tramos, especialmente cuando entran en la zona de montaña a pie de cordillera.
A todos nos sorprende, acongoja, asusta, aterra  horripila y estremece la forma de conducir del taxista “bueno”. Como suele pasar en estos casos, el miedo durante algunos adelantamientos nos acaba provocando la risa. (Ahora que lo pienso desde la distancia, no es ésta una reacción más inteligente que la de cantar en la oscuridad para invocar el valor que no encontramos).


Tras saltarnos todas las normas de la DGT llegamos, contra todo pronóstico sanos y salvo, a Imlil, al refugio de Lepiney. El dueño del refugio, Mohamed, nos recibe con la hospitalidad conocida de los pueblos árabes y agasaja  con un exquisito té moruno a la menta.
Emilio atento a las explicaciones de Mohamed


Tomamos posesión de nuestros catres y al rato nos sentamos a cenar las viandas típicas que los sobrinos de Mohamed nos han preparado. Jarira de verduras de primero, y Tajín de cordero de segundo.  
Por un accidente rompemos, bueno, rompe Borja, una de las botellas de vino. El daño se minimiza ya que somos capaces de recuperar, de una bolsa de plástico goteante de vino, y ante la mirada impertérrita de nuestro anfitrión, cincos vasos que nos alegran una cena que estaba destinada a la soledad sobria del agua.


Cena en el Albergue de Lepiney

Durante la cena, se discute sobre la opción y costumbre en el lugar de contratar una mula para que nos suba las mochilas hasta el refugio. Mohamed, Antonio y yo, somos defensores acérrimos de esta alternativa. Fue una pena que el voto de Mohamed no contara.
Tras la cena y tras descartar la opción del equino hibrido estéril, nos dimos un paseo minúsculo por el minúsculo Imlil.
El día 19 tras un buen desayuno, a las 9 de la mañana, comenzamos la ascensión.
Vista de Imlil desde el Albergue

Tras una media hora andando, que no subiendo, bordeamos la pintoresca población de Armed.

El primer kilómetro y medio posterior transcurre por el lecho de un antiguo rio seco, en medio del valle de Imlil, de grandes y bonitos cantos rodados. Tras pasar este lecho, comienza la ascensión, que va tomando poco a poco más pendiente y el sendero se va elevando conforme la vegetación  va disminuyendo, o al revés.


Nos sorprende el tránsito en el sendero por la cantidad de gente que va subiendo. El motivo es que a medio camino se encuentra shrine of Sidi Chamarouch, una aldeíta con un lugar de peregrinación para los musulmanes, y donde además de la densidad del tránsito nos llama la atención, sobre todo, el cómo suben mulas, señoras mayores y niños, con nulo equipo de montaña por los senderos escarpados.

Al fondo Sidi Chamarouch (2.310 m)


A lo largo del sendero nos encontramos con puestos de refresco, agua y zumos de naranja, que son refrescados con un flujo constante de agua fresca que toman directamente del río que se origina de en el valle producto del deshielo. Venden de todo pero no compramos nada. Todo el caminito transcurre paralelo a este riachuelo.

Buena foto tomada por Antonio donde se aprecia la altura de las montañas

Continúanos subiendo, el ritmo es bueno, mejor de lo previsto y de lo que en las crónicas que habíamos leído nos anticipaban. Al final, después de 4 horas sin apenas paradas, llegamos al refugio a la hora y con las ganas de comer.

Separados por unos metros, y uno más alto que otro, habíamos elegido el refugio más barato, y el que nos dijeron que tenía más ambiente montañero, el Jebel.

Lo primero es meter las cervezas en frio a la vez que nos registramos, y tomamos posesiones de nuestros catres, en los aposentos que nos tenían reservados con capacidad para nosotros 5, y otras 17 personas. 

Vista de los dos refugios (3.207 m)


Si, la habitación constaba de una serie de literas corridas donde se podían alojar, que no acomodar, hasta 22 almas.

Tuvimos una suerte relativa y había un lleno aproximado del 86%. Si la memoria fotográfica no me falla, estábamos en aquella habitación, 5 alemanes, un vasco con dos  vascas que estaban de muy buen ver, y al que envidiamos, tres franceses con tres francesas, y nosotros, que éramos 4 de Sevilla y uno de Madrid.

Yo y Antonio

Tras comer la comida que nos había preparado el bueno de Mohamed, acompañado de alguna cerveza que sin estar muy fría, no dejaba de ser reconfortante cerveza, dimos un paseo por los alrededores y fuimos a tomar un café al otro refugio, el Les mouflons.

Refugio Les Mouflons

Es entonces cuando caí en la obviedad, de que en la alta montaña las reglas de mercado también funcionan como a nivel del mar, el que el refugio que era más caro, era bastante mejor, más cómodo, más limpio y más civilizado.

El refugio Les mouflons estaba mucho más alegado del estilo Dachau o Auschwitz que tenía el que nosotros habíamos elegido. El ambiente, montañero también, se notaba algo más “high quality”.

Tras tomarnos el café, charlar, y alguna cabezada reponedora recuerdo que pegué en un sofá, salimos de lo que me pareció un palacio y volvimos a dar un paseo por los alrededores, esperando la hora de la cena.


Los cinco magnificos


Planeando la ruta exacta del día siguiente, preguntando a los montañeros más experimentados consejos sobre sendas y horarios, terminamos con las cervezas que nos quedaban para cenar espaguetis y pollo que estaban, o que nos parecieron, muy ricos.

Tras pasar por los infectos y sépticos cuartos de baño a lavarnos los dientes, donde los escrúpulos requieren de un control mental especial, nos fuimos a dormir temprano, sobre las 21 horas ya que el plan era salir a las 6:00.

Recuerdo que la noche era muy estrellada y muy bonita, a pesar que por la tarde había habido nubes y algunos truenos.

Me sorprendió que no oliesen los 38 pies que había en la habitación. Por los nervios, por algún ronquido, o por una especie estado de alerta que el que tu mente entra al dormir entre tanta gente, sólo pudimos dormitar a ratos y con descanso relativo.

Sobre las 4, a horas de un panadero diligente, ya estábamos todos en planta preparando equipos desayunando y cumpliendo el plan de salir a las 6.

Era totalmente de noche, aún había estrellas, y comenzamos a subir a veces tirando de manos, y con los frontales encendidos.

En el inicio de la subida

Mientras subíamos y comenzaba a amanecer, el altímetro de Borja indicó que estábamos en la cota 3.479 metros, la altura del Mulhacen. Ninguno, salvo Tomás, había estado en cotas superiores por lo que a partir de aquí todo era record personal. Por supuesto nos hicimos una foto.


Subiendo por el la ruta normal Ikhibi Sur
Al llegar a la arista, sobre las 8 de la mañana, ya de día, Borja, Tomás, Antonio y Nicolás ascendieron al pico Toubkal oeste (4.030 m), un objetivo que aunque secundario no dejaba de ser otro 4000.
Arista
En ir y volver apenas tardaron media hora, yo me quedé guardando las mochilas y reservando fuerzas para tomar el último tramo que ascendía al Toubkal. Ya a las claras del día, se divisaba perfectamente la cima.
Llegamos a la cota del Toubkal a las 10 de la mañana, las vistas eran impresionantes y la satisfacción y alegría inmensa.

Vertice geodésico triangular en la cumbre del Toubkal (4.167m)


Fotos, abrazos, y aperitivo con la botella de vino que había llegado entera. 
Un Ribera del Duero muy apropiado

En la cima había gente, pero desde luego, y por la dificultad física, no tiene la masificación que le resta encanto a algunas ascensiones al Mulhacén. El ambiente era absolutamente internacional, franceses, alemanes, italianos y españoles.

Panoramica de la Cima

Tras dar cuenta a la botella de vino, con galletas, almendras, nueces, pan,  mortadela de cordero y naranjas, comenzamos el descenso por la cara noreste. Seguíamos a una pareja de montañeros catalanes que llevaban guía y tenían el mismo objetivo de, en el descenso, coronar el pico Tibherin oriental (3.870m).

Tibherin Oriental con os restos del avión accidentado (3870m)

En la ladera de este pico descansan los restos de un avión miliar estrellado en los años 60. Justo en la cumbre, está parte de un bloque de motor y sus cilindros en asombroso estado de conservación. Lo desperdigado de los restos del fuselaje acompañan a imaginar la violencia del impacto. El guía local de los catalanes, nos mete la bola que no nos tragamos, que si vamos atentos aún se pueden ver restos humanos.

Bajando hacia el Refugio que se ve al fondo
A partir de aquí, comienza una bajada por el Ikhibi Norte en dirección al refugio a recoger las mochilas, es una bajada dura, con mucha pendiente y piedras sueltas que nos provocan multitud de culazos y patinazos.
Cuando llegamos al refugio, queda una cerveza que Borja se había reservado de las suyas. No cumplió su amenaza de bebérsela solo, y la compartió entre todo el que estuvo al lado y le puso cara de pena.



Tras esta breve parada, salimos ya con todo el equipo en dirección al Imlil. La bajada la hicimos muy rápido temiendo algunas nubes que asomaban por el fondo del valle. El cansancio se iba haciendo notar por lo que reflejos iban disminuyendo, haciendo a alguno que no nombro, pegar un par de culazos más sonado de la cuenta.
Entrando en Aremd (1.900 m) por la llanura aluvial

Deshaciendo los pasos del día anterior llegamos a Imlil sobre las 16:00 horas. Habíamos salido del refugio, a 3.200mts a las 06:00h, subido a tres picos con una altura máxima de 4.169mts, y descendido nuevamente hasta los 1.800mts, habiendo recorrido una distancia en horizontal de 22 kms. El día había sido largo. El bueno de Mohamed nos invitó a otro te moruno a la menta.

En el mercedes de vuelta

El taxista de vuelta conducía con el mismo estilo demencial que el de ida, pero o por el cansancio o por la costumbre, nos pareció algo menos peligroso. El taxi era un mercedes de edad incalculable y kilometraje infinito, con el salpicadero tapizado una especie de moqueta que en su día fue verde, y hoy refugio de sabe Dios qué tipo de ácaros. El coche no estaba limpio y si muy sucio, y por supuesto no tenía aire acondicionado, y algunas ventanas bloqueadas que no se podían bajar. También recuerdo que le sonaban las pastillas de freno en las curvas.

No fue un viaje cómodo.

Cuando llegamos a Marrakech, sobre las 19:00h y tras varias llamadas al hotel en el que nos hospedamos para concertar que alguien nos viniese a recoger en no sé qué puerta de la medina, un morito simpático nos recogió en el taxi y en una carretilla metimos nuestras mochilas. Seguimos al morito que hacía las labores de botones por un laberinto de callejones imposibles de retroceder hasta llegar al hotel o Riad Dar Justo.



Se nos debió notar en la cara nuestra sorpresa o decepción, cuando nos habían distribuido de dos en dos en habitaciones con camas de matrimonio, ya que a la mínima súplica nos separaron por habitaciones, y sobre todo, por camas individuales. (same price)

No tengo palabras de agradecimiento, ni sé cómo describir, la hospitalidad del personal del riad Dar Justo.

Tras duchazo reparador, ropa limpia, colonia, afeitarse, peinarse y verse al espejo con aspecto decente, nos citamos en el hall del hotel donde en apenas media hora, damos cuenta de varias cervezas antes de ir a cenar al Café Árabe.

Cafe Arabe

Al día siguiente paseamos e hicimos turismo por su conocida, y sobre todo caótica y anárquica plaza, así como por sus infinitos y desordenados callejones de tiendas de todo. Miramos mucho pero compramos poco pensando en las restricciones de equipaje propias de cuando se viaja en low cost.


Patio de la Madraza de Marrakech

Ese día hizo mucho calor, ya el viernes, tras tomar el avión muy temprano de vuelta, llegamos satisfechos a Sevilla, al medio día.


Entrada de la Madraza de Ben Youssef en Marrakech

Habíamos hecho un “cuatromil”.

Junto a la Koutubia

Cena en la plaza de Jemaa el-fna

Zoco de la medina de Marrakech


Riad Dar Justo

Notas para no olvidar:

Si volvemos, hay que ir al refugio bueno y no al malo.

Sí hay que contratar la mula y subirla cargada de cerveza como si fuese una romería.

Volver a repetir en Dar Justo. Inmejorable.

No merece la pena cenar en los puestecillos de la plaza de Marrakech.

Comienzo a fantasear con el Kilimanjaro.

Por último, enviar mi agradecimiento más sincero por su inestimable compañía en este periplo, a Borja, a Antonio, a Tomás, y a Nicolás.

Y a mi mujer, por haberme animado a ir.

 


Emilio O. 


 Sevilla, a 4 de septiembre de 2014.


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